En una comunicación de alto nivel apenas dos semanas antes de una cumbre presidencial crítica, el máximo responsable de comercio de China protestó formalmente contra las recientes restricciones económicas de EE.UU. y las nuevas reglas que amenazan con castigar a las empresas por trasladar sus cadenas de suministro fuera del país.
El viceprimer ministro chino, He Lifeng, principal negociador comercial del país, expresó "serias preocupaciones" al secretario del Tesoro de EE.UU., Bessent, y a la representante comercial, Greer, durante una videollamada el 30 de abril, según un comunicado de la agencia oficial de noticias Xinhua. La llamada, descrita como "franca y constructiva", tuvo como objetivo gestionar los desacuerdos económicos antes de la reunión prevista para el 14 y 15 de mayo entre el presidente Donald Trump y el líder chino Xi Jinping. La discusión subraya la frágil tregua establecida en su última reunión en Busan, Corea del Sur, mientras ambas partes ponen a prueba los límites de su relación comercial.
"La respuesta de Washington hasta ahora ha sido el silencio. Eso conlleva el riesgo de dar señales de debilidad", afirmó Craig Singleton, experto en China del centro de estudios Foundation for Defense of Democracies (FDD), en una entrevista reciente. Los analistas sugieren que la administración Trump está evitando deliberadamente una escalada pública antes de la cumbre, incluso mientras Pekín sienta las bases legales para penalizar a las firmas que cumplan con los llamados estadounidenses a la "reducción de riesgos" (derisking) y reduzcan la dependencia de los productos chinos.
Las nuevas medidas chinas, implementadas en abril, facultan a Pekín para investigar y castigar a entidades extranjeras que suspendan "transacciones normales" con organizaciones chinas. Aunque no se nombraron industrias específicas, las reglas se ven como una contramedida directa a los esfuerzos de EE.UU. por asegurar las cadenas de suministro de bienes estratégicos como minerales críticos y medicinas. El movimiento coloca a las corporaciones multinacionales en una posición difícil, atrapadas entre las directivas de seguridad nacional de Washington y el apalancamiento económico de Pekín.
La llamada y las nuevas reglas son el capítulo más reciente de una rivalidad económica que se profundiza, con la próxima cumbre vista como un momento crucial. "China está claramente en una posición mucho más valiente", dijo Reva Goujon, directora de Rhodium Group, señalando que los negociadores estadounidenses podrían acusar a Pekín de "violar el espíritu de Busan". El mercado sigue en vilo; cualquier desescalada probablemente impulsaría las acciones globales, mientras que una mayor fricción podría desencadenar una venta masiva significativa.
Un campo de batalla económico en expansión
Las conversaciones directas en Washington y Pekín se reflejan en un número creciente de escaramuzas económicas por delegación en todo el mundo, particularmente en América Latina. En Panamá, China ha intensificado la presión, incluyendo el aumento de inspecciones en barcos de bandera panameña, tras la anulación de dos concesiones portuarias en manos de una empresa con sede en Hong Kong. Mientras tanto, EE.UU. y México han iniciado una revisión de su acuerdo comercial específicamente para frenar las importaciones de Asia, con las autoridades mexicanas investigando firmas sospechosas de ayudar a productos chinos a eludir los aranceles estadounidenses.
Este conflicto más amplio se extiende a la infraestructura estratégica y los recursos. En Chile, un proyecto de cable submarino de fibra óptica chino ha causado una grieta política, mientras que Colombia impuso recientemente un gravamen del 35% a las importaciones de acero, una medida que afecta principalmente a China. En Uruguay, el gobierno se ha quejado de una presión "inimaginable" de EE.UU. para romper su relación comercial con Pekín, destacando la intensa competencia por la influencia en el hemisferio occidental.
Los mercados se preparan para el resultado de la cumbre
El silencio de la Casa Blanca es un marcado contraste con la estrategia de riesgo comercial que precedió a la cumbre de octubre en Busan. La reticencia actual es vista por los participantes del mercado como una elección táctica para preservar la estabilidad antes de la reunión de mayo. Grupos empresariales han informado a la administración sobre los riesgos de las nuevas reglas chinas contra la reducción de riesgos, que una fuente de la industria describió como "cargar el arma sin llegar a dispararla".
El núcleo de la disputa sigue siendo el choque fundamental entre los esfuerzos de EE.UU. por recuperar la "soberanía" en industrias estratégicas y los intentos de China de bloquear la dependencia corporativa y evitar cambios en la cadena de suministro. El resultado de la cumbre del 14 y 15 de mayo será crítico. Un fracaso en encontrar puntos comunes o desescalar podría formalizar las líneas de batalla económicas que se trazan desde Asia hasta América Latina, con consecuencias significativas para el comercio y la manufactura global.
Este artículo tiene fines informativos únicamente y no constituye asesoramiento de inversión.