El gobierno de Japón está considerando restablecer los subsidios a la electricidad y el gas natural durante tres meses a partir de julio, una medida potencial de 500.000 millones de yenes (3.100 millones de dólares) para proteger a los consumidores del encarecimiento de la energía vinculado al conflicto en Oriente Medio.
El plan está siendo examinado por el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi, según informó una fuente con conocimiento directo del asunto. "Es probable que el impacto del aumento de los precios del gas natural licuado (GNL), muy utilizado en la generación de energía térmica, empiece a notarse hacia junio", declaró el ministro de Industria, Ryosei Akazawa, según un informe de Reuters.
Los subsidios propuestos cubrirían el periodo de máxima demanda estival, de julio a septiembre, y se financiarían recurriendo a los fondos de reserva existentes, indicó la fuente. Esta medida llega en un momento en que los mercados energéticos mundiales siguen en vilo, con los futuros del crudo Brent superando los 112 dólares por barril ante el cierre durante un mes del estrecho de Ormuz, un punto crítico para el suministro energético mundial.
La medida pone de manifiesto el difícil equilibrio que debe mantener el gobierno japonés: apoyar a los hogares y las empresas sin tensar más las finanzas públicas. Aunque los subsidios podrían moderar la inflación a corto plazo, proceden del mismo fondo de reserva de 2 billones de yenes que ya se utiliza para los subsidios a la gasolina, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad de las ayudas si los precios de la energía se mantienen elevados.
Las presiones geopolíticas encarecen los costes
El principal factor que impulsa la posible reactivación de los subsidios es la persistente tensión geopolítica en el Golfo Pérsico. El bloqueo en curso del estrecho de Ormuz ha creado un importante cuello de botella en el suministro físico de energía, dejando al margen a grandes productores como los Emiratos Árabes Unidos y creando un techo estructural a la producción mundial, según el análisis de FinanceFeeds.
Para una nación como Japón, que depende en gran medida del GNL importado para su generación de energía, el impacto es directo y significativo. La consideración de subsidios por parte del gobierno indica un paso proactivo para mitigar el traslado del aumento de los precios internacionales de la energía a los consumidores y las empresas, que de otro modo podría frenar la actividad económica y alimentar la inflación. El calendario coincide con la previsión del gobierno de que toda la fuerza del aumento de los precios del GNL empiece a sentirse a nivel minorista al comienzo del verano.
Cuestiones de financiación e impacto económico
La decisión de utilizar fondos de reserva en lugar de elaborar un presupuesto suplementario refleja el deseo de una respuesta rápida, pero también subraya las limitaciones fiscales a las que se enfrenta el gobierno. Según se informa, la primera ministra Takaichi no está considerando un nuevo presupuesto en esta etapa, lo que podría dejar al gobierno con opciones limitadas si la crisis energética se agrava o se prolonga más allá del verano.
Esta presión fiscal se produce mientras los bancos centrales de todo el mundo, encabezados por la Reserva Federal de EE. UU., mantienen una postura de tipos de interés "más altos durante más tiempo" para combatir la inflación persistente. El choque energético contribuye a esta inflación "pegajosa", creando un complejo desafío político. Aunque los subsidios pueden proporcionar un alivio temporal, no abordan el problema subyacente de la dependencia energética y podrían complicar los cálculos de la política monetaria del Banco de Japón mientras navega hacia una inflación sostenible.
Este artículo tiene fines puramente informativos y no constituye asesoramiento de inversión.