Un dron de diseño estadounidense, probado en combate en Ucrania, se fabricará en Alemania, lo que indica un posible cambio en el panorama mundial de la tecnología de defensa.
Un dron de diseño estadounidense, probado en combate en Ucrania, se fabricará en Alemania, lo que indica un posible cambio en el panorama mundial de la tecnología de defensa.

Un dron de diseño estadounidense, probado en combate en Ucrania, se fabricará en Alemania, lo que indica un posible cambio en el panorama mundial de la tecnología de defensa.
Perennial Autonomy, una empresa estadounidense de tecnología de defensa respaldada por el ex director ejecutivo de Google Eric Schmidt, fabricará su sistema contra drones Merops en Alemania mediante una asociación con Twentyfour Industries, con sede en Múnich. El movimiento destaca la acelerada adopción por parte de Europa de tecnología militar ucraniana probada en combate, ya que el dron Merops cuenta con un historial verificado de interceptación de más de 4.000 drones rusos en Ucrania.
"Somos reacios a admitir que los ucranianos son ahora probablemente los líderes mundiales tanto en ofensiva como en defensa con drones", dijo Eliot Cohen, académico del centro de estudios Center for Strategic and International Studies.
El sistema Merops busca de forma autónoma un dron entrante mediante ondas de radio, radar o la firma térmica de su objetivo. A una distancia de aproximadamente una milla, emplea inteligencia artificial para fijar el objetivo y detona cerca de él. Según los usuarios, el dron puede viajar a velocidades superiores a las 180 millas por hora y alcanzar altitudes de hasta 16.000 pies. Cada unidad cuesta menos de 10.000 dólares, y se espera que el precio baje a unos 7.000 dólares a medida que se escale la producción.
El acuerdo muestra una tendencia creciente de las naciones europeas a capitalizar las innovaciones del campo de batalla ucraniano, un ritmo que parece estar superando al de Estados Unidos. Mientras que Washington y Kiev han estado negociando un acuerdo de fabricación de drones desde al menos septiembre, las empresas ucranianas ya están estableciendo producción en Alemania, Polonia y el Reino Unido, y se espera que Dinamarca y Noruega sigan sus pasos.
La guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio para la guerra de próxima generación, con los drones a la vanguardia. Las fuerzas ucranianas han sido pioneras en el uso de drones marinos para atacar activos navales rusos y han desplegado enjambres de drones coordinados por IA. La eficacia de estos sistemas de bajo coste y alto impacto está remodelando la doctrina militar. Según se informa, pilotos de drones ucranianos invitados a un reciente ejercicio de la OTAN en Suecia "destruyeron" a las tropas suecas en un enfrentamiento simulado, lo que llevó al general sueco a enfatizar que las fuerzas occidentales deben "aprender rápidamente" de sus homólogos ucranianos.
Esta nueva forma de guerra no se trata solo de victorias tácticas; se trata de un cambio fundamental en la economía del conflicto. Como señala un análisis, una pequeña inversión en la producción de drones de Ucrania podría generar un drenaje desproporcionadamente grande en el presupuesto militar de Rusia. Ucrania aspira a producir 10 millones de drones con vista en primera persona (FPV) anualmente, una cifra que estiman podría infligir 50.000 bajas rusas al mes, paralizando potencialmente la eficacia de combate de Rusia.
La adopción por parte de Europa de tecnología desarrollada o probada en Ucrania, como el dron Merops, refleja un realineamiento estratégico ante la agresión rusa. El continente se está moviendo para reforzar su propia base industrial de defensa, aprovechando la experiencia de Ucrania ganada con tanto esfuerzo. El Pentágono también ha tomado nota, enviando una lista de 12 drones ucranianos diferentes a las principales empresas de defensa de EE. UU. para una posible colaboración.
La decisión de Perennial Autonomy de fabricar en Alemania es un paso significativo en este proceso. Proporciona un modelo de cómo la tecnología occidental, refinada por el ingenio y la experiencia de combate ucranianos, puede escalarse rápidamente dentro de Europa. Esto crea una cadena de suministro de defensa más resistente y receptiva para la OTAN y sus aliados, reduciendo la dependencia de una base industrial estadounidense que ha sido más lenta para adaptarse. La última vez que ocurrió una transferencia de tecnología similar fue durante la Guerra Fría, lo que dio lugar a décadas de cooperación transatlántica en defensa. La actual ola de innovación, sin embargo, fluye desde un campo de batalla, no desde un laboratorio, y Europa parece ser la primera en comprender plenamente sus implicaciones.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.