El gobierno de Japón se prepara para elaborar un presupuesto suplementario financiado con nueva deuda para compensar las crisis inflacionarias procedentes de Oriente Medio, un cambio de política que elevó el rendimiento del bono gubernamental a 30 años a su nivel más alto desde su introducción en 1999.
"Cuando países como Japón y Gran Bretaña contemplan estímulos fiscales, existe una tendencia a que eso desencadene una triple venta de acciones, divisas y bonos porque su crecimiento económico es débil y los riesgos inflacionarios son altos", afirmó Daisuke Uno, estratega jefe de Sumitomo Mitsui Banking.
La reacción del mercado fue rápida y severa. El rendimiento del bono del gobierno japonés (JGB) de referencia a 10 años subió al 2,8% el lunes, un nivel no visto desde octubre de 1996, mientras que el rendimiento a 30 años alcanzó un máximo histórico. El movimiento se produce tras semanas de desmentidos de la Primera Ministra Sanae Takaichi y la Ministra de Finanzas Satsuki Katayama sobre la necesidad de más gasto, una postura que se volvió insostenible a medida que los fondos para subsidios energéticos comenzaron a agotarse.
La decisión sitúa la política fiscal del gobierno en conflicto directo con los objetivos de endurecimiento monetario del Banco de Japón. Con la inflación mayorista alcanzando un máximo de tres años del 4,9% en abril, el banco central está bajo presión para subir su tipo de interés oficial desde el 0,75% en su próxima reunión de junio. El nuevo estímulo complica esa decisión, añadiendo leña a una economía ya sobrecalentada y aumentando el riesgo de una reacción desordenada del mercado de bonos.
Cambio de política bajo presión
Se espera que el presupuesto suplementario previsto funcione como una medida de alivio de emergencia, no como un programa de estímulo amplio. Los principales impulsores son la escalada de los precios del petróleo y el rápido agotamiento de los fondos de reserva utilizados para topar los precios de la gasolina. Según Takahide Kiuchi, economista ejecutivo del Instituto de Investigación Nomura, los fondos para los subsidios a la gasolina podrían agotarse tan pronto como el 29 de junio. Según se informa, el gobierno también está considerando reiniciar los subsidios para el gas natural y la electricidad que expiraron en marzo, lo que aumentaría aún más el tamaño del presupuesto. El partido opositor Partido Democrático para el Pueblo ha propuesto un paquete de unos 3 billones de yenes (18.900 millones de dólares), que podría servir de base para la cantidad final.
Situación fiscal en terreno inestable
La perspectiva de emitir nueva deuda para financiar el nuevo gasto ha ampliado las preocupaciones sobre la salud fiscal de Japón. El país ya tiene la relación deuda-PIB más alta entre las principales economías desarrolladas, y los analistas proyectan que el déficit presupuestario podría aumentar al 6% del PIB para el año fiscal 2026 siguiendo el camino actual. Organismos internacionales como la OCDE y el Banco Asiático de Desarrollo han instado recientemente a Japón a frenar su dependencia de los presupuestos extraordinarios para preservar un colchón fiscal necesario para futuras crisis.
La liquidación de bonos complica las próximas decisiones del BOJ. La estratega ejecutiva de tipos de Nomura Securities, Mari Iwashita, dijo que el rendimiento a 10 años podría dirigirse hacia el 3%, y que los elevados riesgos de inflación podrían empujar al banco central a subir su tipo a corto plazo al 1,5% para el final del año fiscal en marzo. La última vez que la dinámica monetaria japonesa cambió abruptamente en julio de 2024, desencadenó un importante desmantelamiento del yen que derivó en ventas globales de criptomonedas, lo que destaca el potencial de contagio entre activos.
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