La inflación española se aceleró por segundo mes consecutivo hasta el 3,5 % en abril, mientras la guerra en Irán sigue presionando los costes energéticos europeos y desafía la senda de desinflación del Banco Central Europeo (BCE).
"No hay un camino fácil para volver a donde estábamos antes de que estallara este conflicto", afirmó la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en un discurso la semana pasada. "Los hogares y las empresas acaban de vivir un gran shock inflacionario y pueden ser más sensibles al aumento de los costes. La memoria muscular está fresca".
El aumento interanual de los precios al consumo anunciado el miércoles por la agencia estadística española INE subió desde el 3,4 % de marzo, marcando la lectura más alta desde junio de 2024. La cifra, que coincidió con la estimación de consenso de los economistas, llega en un momento en que los precios del crudo Brent han vuelto a subir por encima de los 110 $ el barril en medio de negociaciones estancadas e incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz, un canal crítico para los envíos mundiales de petróleo.
La persistente presión sobre los precios plantea un dilema para el BCE, que tiene previsto reunirse el jueves para fijar la política monetaria. Si bien se espera ampliamente que el banco central mantenga los tipos estables, los datos de España —la cuarta economía de la eurozona— alimentarán el debate sobre cuánto tiempo esperar antes de flexibilizar la política. El BCE ha estimado anteriormente que un aumento del 14 % en los precios del petróleo podría elevar la tasa de inflación en medio punto porcentual.
El shock energético complica los cálculos del BCE
El principal motor del repunte es el fuerte aumento de los precios de la energía tras el estallido del conflicto en Oriente Medio. La interrupción de los flujos de petróleo ha creado un shock de oferta que impacta directamente en los costes de los consumidores, desde el surtidor de gasolina hasta las facturas de servicios públicos. Eurostat publicará el jueves los datos de inflación de toda la eurozona, lo que proporcionará una imagen más clara de la tendencia en todo el bloque.
El Banco de España ya ha tomado nota, revisando sus propias previsiones a finales de marzo. El banco central prevé ahora que los precios al consumo suban una media del 3,0 % en 2026, un aumento significativo respecto a su expectativa anterior del 2,1 %. Su previsión para 2027 también se elevó al 2,5 % desde el 1,9 %. Esto se alinea con las propias proyecciones del BCE, que prevé que la inflación general de la eurozona promedie un 2,6 % en 2026, manteniéndose obstinadamente por encima del objetivo del 2 %.
Los escenarios futuros dependen de la geopolítica
Los economistas modelan ahora múltiples escenarios basados en la duración del conflicto. Una guerra prolongada podría ver la inflación de la eurozona alcanzar un máximo del 4,8 % en 2027. Por el contrario, un escenario menos adverso con una resolución rápida podría ver la inflación caer de nuevo hacia el objetivo del 2 % del BCE el próximo año.
Lagarde reconoció el doble impacto del shock energético, señalando que, si bien empuja los precios al alza, también podría lastrar la demanda al mellar el sentimiento de los consumidores. Este potencial de destrucción de la demanda es un factor clave que el BCE supervisará mientras busca evitar endurecer las condiciones financieras más de lo necesario. El mercado estará muy atento a la rueda de prensa del BCE del jueves para detectar cualquier cambio de tono o de orientación futura.
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